viernes, junio 11, 2010

Luz al final del túnel o como reinventar la rueda

LIBRANDA actúa como un operador logístico que presta servicios de almacenaje y distribución digital a las editoriales y a las tiendas on-line. Su principal objetivo es poner a disposición de las tiendas on-line el contenido digital de las editoriales con las que trabaja.

Ayer se presentó en sociedad Libranda, la iniciativa de varias editoriales, grandes y pequeñas, de hacer su paso al formato electrónico. 

Ya he hablado sobre lo que pienso en cuanto a los libros electrónicos, los libros, son libros, sin importar su contenedor o formato. Así que, !Bien! … tras leerme la web que han abierto, porque vender, lo que se dice vender, no venden nada, pensé ¡Mal! ¡Muy mal! ¿En qué están pensando? Veamos la imagen con la que nos ilustran el proceso de compra.



¿Mandé? Vamos, yo no creo que sea necesario un gran programador para darse cuenta que en esta imagen hay demasiados actores, demasiados pasos y mucho conservadurismo en antiguas formas de ver el negocio. Según estos señores, hay que entrar en la web del librero, buscar el libro, darle a comprar, entonces los sistemas del librero contactan con libranda, esta genera un fichero epub con DRM (con dos narices), le manda un enlace de descarga al sistema del librero, el  librero te manda el enlace de descarga y tú te descargas el libro y el correspondiente programa para manejar el DRM.
Yo no sé vosotros, pero a mí me sobran pasos por todos lados. ¿Qué pinta libranda?, ¿Qué razón hay para ponerla de intermediaria? ¿El proceso es automático o me quedaré esperando como un canelo y cara de póquer frente al monitor?¿Qué pasa con los aparatos que no aceptan su formato? (Con esta pregunta me pongo el traje anti-llamas para los amantes de los libros tradicionales y su defensa de "un libro de toda la vida no necesita compatibilidad").

¿No sería mucho más lógico que yo tratase con la librería y se acabó? Pues no, el sistema sigue un tortuoso camino en el que todos van cogiendo su parte: La editorial, el conglomerado de libranda, el librero y al final, el pobre lector. Con lo sencillo que sería que el librero tiene su web, con todo el catálogo que quiera, yo se lo compro, me lo descargo y listos.

Y luego que es eso de "LIBRANDA distribuye por el momento los ePUB a través del modelo de negocio de descarga/downloading pero nuevos modelos se plantearán en el corto y medio plazo." ¿Qué otros modelos? ¿Hay modelos alternativos a este sistema? Dejando a un lado lo retorcido del asunto, no deja de ser lo de siempre, compro y descargo. ¿Qué otro plan retorcido y brillante habrán ideado? Lo triste es que son capaces de hacernos ir a la librería, con nuestro lector de libros, dárselo al librero de toda la vida, que no tiene web, ni quiere tenerla, pero que si no le dan parte del pastel, hace boicot a la editorial, y que nos grabe la compra en el aparato. ¡CON UN PAR!

En fin, en cualquier caso, esto al menos es un paso adelante, un paso raro, con muchos rodeos, pero es un movimiento necesario. Esperemos que en el futuro, dentro de los planes estrambóticos que presenten, esté uno con más lógica.

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sábado, mayo 29, 2010

Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro

Eso decía Emily Dickinson, y que razón tenía la puñetera. La lectura es un gran placer, que se disfruta en la soledad y se conversa sobre ella en compañía. Es uno de mis pasatiempos favoritos, aunque no es menos cierto que ahora leo menos que antes. La edad, los cambios personales, la familia, el niño… todos ellos son factores que restan tiempo al poco tiempo libre que me queda tras llegar del trabajo. Aún así, procuro leer a diario, aunque solo sean 10 minutos, avanzar unas páginas, lo más que pueda hasta que el cansancio dice basta y mis párpados se cierran.

Estamos en una época de cambios, las tecnologías avanzan día a día, y si no avanzan, al menos se instauran más y más en la sociedad. Antes nadie concebía poder usar un teléfono, después nadie concebía que se pudiera estar sin móvil y ahora, te cabreas (excepto mi amigo Carlos) si el teléfono no tiene cámara, internet, realidad aumentada o twitter de serie. Y es que, se quiera o no, cada día tenemos la tecnología más cerca, más barata y más accesible.

¿Y todo esto qué tiene que ver con la lectura? Hacéis bien en preguntarlo. Hace unos meses me compré un libro electrónico, tras mucho sopesarlo, dejar de lado a mi cerebro que me decía "¡Es un capricho, Gonzalo!" y gracias a una ayudita de mis suegros y el pertinente descuento; me hice con un Kindle DX de Amazon.  Es sin duda el mejor en su terreno, pantalla grande, capacidad de líneas similar o superior a un libro estándar, almacenamiento suficiente (4Gb de libros, son muchos libros), opción de Text-to-speech en cualquier libro (solo con textos en inglés, de momento), la batería es eterna, ligero y lee muchos formatos y los que no lee, puedes convertirlos con el servicio de conversión gratuito que ofrece Amazon a todos los poseedores de un Kindle.

Ya han pasado casi cuatro meses desde la compra y he de decir que no me arrepiento en absoluto. Al principio pensaba que era un capricho y, bueno, en cierto modo lo era, y que, conociéndome, no le haría mucho caso pasada la novedad. ¡Nada más lejos de la realidad! Leo más que antes, compro más libros y gracias a Internet puedo acceder a títulos descatalogados que siempre había querido leer. Vaya, que es perfecto para mí y, en realidad, no se me ocurre una razón por la que no sea una elección perfecta (este o cualquier otro libro electrónico) para cualquier persona amante de la lectura.

Vale, puedo oír las voces de los "puristas" diciendo "lo mejor del libro es tocarlo, sentirlo, olerlo". Señores, es un libro, no un pene. Lo importante del libro no es el contenedor, si no el contenido, la historia, los personajes, en definitiva "el viaje". Y esto me lleva al título de esta entrada y a la famosa frase de la señorita Dickinson y que simplemente dice lo que yo digo, no importa el contenedor. Qué más da que el libro sea electrónico, que no huela como el colhogar recién abierto o vete-tu-a-saber-qué-otras-razones. El caso es que ES un libro, punto.

Por otro lado, no entiendo a los editores. Están persiguiendo fantasmas, no quieren ver lo que se les viene encima y al final les va a pasar como a la industria musical, que no quiso adaptarse, que no quiso ver la realidad, que quiso ejercer su control férreo sobre el mercado y el mercado no se dejó. ¿Qué pasó al final? Que han tenido que comulgar con ruedas de molino, que el usuario ha ganado y ha conseguido precios mejores y comprar lo que quiere comprar y no lo que le quieren vender. En definitiva, los editores DEBEN mover pieza ya, poner tiendas con sus libros electrónicos y con precios más ajustados… de lo contrario pasará lo que pasó, los aparatos seguirán vendiéndose, seguirán mejorando y la gente creará sus hábitos y dinámicas de compras y ellos se quedarán fuera.

El libro electrónico ha venido para quedarse, aunque no les guste a los puristas, aunque los editores españoles (que no extranjeros) lo odien. Solo les queda adaptarse, y del mismo modo que desapareció el vinilo o la televisión en blanco y negro, los libros en papel desaparecerán.

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